miércoles, 25 de octubre de 2017

NARCOS





Narcos, uno de los mayores éxitos de Netflix, se estrenó en 2015 y no hay duda de que ha sido una de las mayores apuestas de Netflix y que ha salido claramente ganando, aunque su calidad en cuanto al contexto real puede ser más que cuestionable.

En las primeras dos temporadas la DEA (Agencia Americana Antidrogas) lucha por detener a Pablo Escobar, uno de los hombres más ricos del mundo gracias a su inmenso imperio del narcotráfico, que desde Medellín dirige con mano de plomo, llegando a implicar a policías, periodistas, políticos y ganándose el cariño de los medellinenses más humildes, hasta que la magnitud de sus crímenes llega a indignar a ese pueblo que tanto le admiraba.


La tercera temporada, se centra en la cúpula del Cartel de Cali y sus tretas para evitar el destino de éste y la tarea de Javier Peña en perseguir y detener a sus dirigentes, si bien con menos acción de las dos anteriores, pero con la misma intriga, presentándonos a toda la cúpula del Cartel de Cali, más organizada y jerarquizada que la de Medellín, gracias al control de Jorge Salcedo, jefe de seguridad, pero que no tardará en cambiar de bando para salvar su vida. 

Se produce una gran idealización del narcotráfico en la serie, ya que, aunque sabemos que tanto Pablo Escobar como los dirigentes del Cartel de Cali son malvados y no dudan en asesinar a sangre fría a quienes consideren una amenaza, Narcos consigue que empaticemos con esos personajes e, incluso sintamos compasión cuando tienen su final. Esta idealización también es fruto de tergiversar la realidad de lo que ocurrió, añadiéndole detalles más dulcificados de modo que el espectador no abandone el capítulo y siga viendo, ya que en realidad, los narcotraficantes de Narcos fueron asesinos crueles, que no dudaron ni un segundo en eliminar a quienes los "pisoteaban" y, por tanto, una amenaza para Colombia, que entre el narcotráfico y las FARC, se había convertido en un país peligroso. 

Esta serie demuestra que, a veces, no es necesario que sea una maravilla desde los aspectos técnicos para conseguir atrapar y enganchar al espectador, sino que es más importante una historia entretenida, que te capte desde el primer instante y que casi te obligue a buscar el siguiente episodio nada más finalizar el anterior. No obstante, cuenta con grandes aspectos técnicos: un magnífico guion, que mezcla diálogos inteligentes con humor negro, unos actores que aunque no sean colombianos están magníficos, una banda sonora, vestuario y escenarios apropiados, que recrean genial la atmósfera del país en las décadas de los 80 y 90 y una cuidada fotografía de los paisajes colombianos. Además, la narración en primera persona de Murphy es un gran punto a favor.
Ahora sólo nos queda esperar a la cuarta temporada, que ya será dedicada al narcotráfico mexicano y seguro que seguirá sorprendiéndonos.



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