Narcos, uno de los mayores
éxitos de Netflix, se estrenó en 2015 y no hay duda de
que ha sido una de las mayores apuestas de Netflix y que ha salido claramente
ganando, aunque su calidad en cuanto al contexto real puede ser más que
cuestionable.
En las primeras dos
temporadas la DEA (Agencia Americana Antidrogas) lucha por detener
a Pablo Escobar, uno de los hombres más ricos del mundo gracias a
su inmenso imperio del narcotráfico, que desde Medellín dirige con mano de
plomo, llegando a implicar a policías, periodistas, políticos y ganándose el
cariño de los medellinenses más humildes, hasta que la magnitud de sus
crímenes llega a indignar a ese pueblo que tanto le admiraba.

Se produce una gran idealización del
narcotráfico en la serie, ya que, aunque sabemos que tanto Pablo Escobar
como los dirigentes del Cartel de Cali son malvados y no dudan en asesinar a
sangre fría a quienes consideren una amenaza, Narcos consigue
que empaticemos con esos personajes e, incluso sintamos compasión cuando
tienen su final. Esta idealización también es fruto de tergiversar la realidad
de lo que ocurrió, añadiéndole detalles más dulcificados de modo que el
espectador no abandone el capítulo y siga viendo, ya que en realidad, los
narcotraficantes de Narcos fueron asesinos crueles, que no
dudaron ni un segundo en eliminar a quienes los "pisoteaban" y, por
tanto, una amenaza para Colombia, que entre el narcotráfico y las FARC, se
había convertido en un país peligroso.
Esta serie demuestra que, a veces, no es
necesario que sea una maravilla desde los aspectos técnicos para conseguir
atrapar y enganchar al espectador, sino que es más importante una historia
entretenida, que te capte desde el primer instante y que casi te obligue a
buscar el siguiente episodio nada más finalizar el anterior. No obstante,
cuenta con grandes aspectos técnicos: un magnífico guion, que mezcla diálogos
inteligentes con humor negro, unos actores que aunque no sean colombianos están
magníficos, una banda sonora, vestuario y escenarios apropiados, que recrean
genial la atmósfera del país en las décadas de los 80 y 90 y una cuidada
fotografía de los paisajes colombianos. Además, la narración en primera persona
de Murphy es un gran punto a favor.
Ahora sólo nos queda esperar a la cuarta
temporada, que ya será dedicada al narcotráfico mexicano y seguro que seguirá sorprendiéndonos.
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